lunes, 10 de noviembre de 2008

Un análisis a la educacion actual

¿CUAL ES LA NOCIÓN DE SUJETO, EN VERSIÓN DE LA PSICOLOGÍA, PARA LA EDUCACIÓN MODERNA?

Para empezar este texto se hace necesario hablar del sujeto ¿Qué es? ¿Cómo se comporta? Al inicio de este curso, (con el Fedón) pudimos notar que el sujeto en la filosofía se confunde y relaciona demasiado con el alma, con lo que en nosotros se considera superior. Sin embargo, si lo tomamos desde el punto de vista de la ciencia solo observamos determinismos físicos, biológicos, sociológicos o culturales y, en esa óptica, el sujeto se disuelve. Descartes, quien a su manera lo expresó pero no lo inventó vio que había dos mundos: uno que era relevante al conocimiento objetivo, científico: el mundo de los objetos; y otro, un mundo que compete a otra forma de conocimiento, un mundo intuitivo, reflexivo: el mundo de los sujetos. Por un lado el alma, el espíritu, la sensibilidad, la filosofía, la literatura; por otro lado las ciencias, las técnicas, la matemática.
Los aportes de Vigotski en el campo de la psicología, el conocimiento y el aprendizaje, son relevantes, ya que permiten una mirada de la materia con participación de la semiótica y la pedagogía enmarcada en contextos socioculturales. Surge de una actitud crítica frente al excesivo empirisismo que prevalecía en la disciplina, así como también frente a la separación entre una psicología explicativa basada en una metodología experimental de la ciencia natural (que se evidenciaba por ejemplo en la psicología comportamental de Pavlov o Wundt); y una psicología descriptiva para la que los procesos de orden superior solo pueden ser entendidos empáticamente. (Hermenéutica).


Superiores Avanzados (metamemoria, metacognición)
Rudimentarios (etapa lingüística: símbolo- imagen)
Procesos psicológicos
Elementales --- Pensamiento práctico, adaptación al entorno físico.

Vigotski señala algunos aspectos que permiten caracterizar los procesos psicológicos superiores:
· En éstos el individuo crea y utiliza estímulos artificiales, hecho que implica un alto nivel de regulación consciente.
· La aparición de procesos superiores se da en contextos de relaciones sociales.
· Los anteriores aspectos presuponen luego, la mediación semiótica, es decir “la existencia de herramientas psicológicas o signos que pueden ser utilizados para controlar la actividad propia y de los demás”.
Los recursos ofrecidos por la cultura pueden analizarse a la luz de la teoría de Vigotski de una manera más aproximada con su percepción de los procesos superiores rudimentarios y avanzados.
Este primer estadio se caracteriza por la internalización de sistemas de mediación, (como el habla) que es utilizado por todos los miembros de la especie humana.
El segundo corresponde a la internalización de formas de intervención propias de contextos de socialización específicos, como por ejemplo la escuela. Esta mirada sobre los contextos de socialización específicos nos servirá para adentrarnos en la perspectiva de Bordieu acerca de la cultura, la pedagogía y la violencia simbólica.
Vigotski explicaría a partir de las líneas de desarrollo natural y de desarrollo cultural la aparición de los procesos psicológicos superiores. La primera línea define los procesos de desarrollo de la percepción, la memoria y el pensamiento (propios de los mamíferos superiores). La segunda se caracteriza por la incorporación de signos desarrollados histórico/culturalmente. Estos modifican los procesos materiales dando paso a procesos psicológicos superiores.
Son marcadas las distancias entre las variantes del constructivismo social y sus coetáneos en el campo de la psicología del conocimiento que nutren algunas versiones del constructivismo en pedagogía (Téllez). Sin embargo nos interesamos en las coincidencias y puntos de encuentro. Los une la idea de que los sujetos (agentes sociales) participan – como un polo de una dialéctica compleja – en la construcción de los saberes y conocimientos de la propia realidad. Es aquí donde podemos reconocer el papel que cumple el sujeto en la educación y como ésta es influyente en su cotidianidad; muchos autores hablan de adaptar la educación a las necesidades y condiciones que prevalecen en el medio en que vivimos, pues el ser humano siempre coevoluciona con su entorno, las instituciones no siempre. La educación además de proporcionar información sobre diferentes áreas, debe generar un proceso personal y social en donde se forme al ser humano con la capacidad de crecer y desarrollar diferentes facultades con conciencia y responsabilidad social.
Para Bordieu, existe una correspondencia entre la estructura social y las estructuras mentales; entre las divisiones subjetivas del mundo social y los principios de visión y división (clasificación) del mismo que los agentes utilizan en sus prácticas. Esta correspondencia y la homología entre las estructuras cognitivas y del pensamiento y las estructuras sociales, se explica porque están genéticamente ligadas: las segundas resultan de la incorporación de las primeras (Bordieu 1992).
De hay se derivan otros presupuestos: La relatividad individual y social es a la vez objetiva y subjetiva. La actividad humana y las complejas formas de la organización social son el resultado de una dialéctica que Bordieu, al mostrar el origen de los dos conceptos centrales de su teoría (habitus y campo), presenta como: 1) En el momento de la interiorización de la exterioridad – habitus o la historia hecha cuerpo, y 2) Exteriorización de la interioridad – campus o la historia hecha cosas.
Muchos elemento de la cultura, por no decir que la mayoría de los que la constituyen, tienen un carácter arbitrario, de tal manera que se requiere un trabajo permanente de legitimización que descansa sobre variados procesos de violencia simbólica. Toda violencia simbólica (lucha simbólica) tiene como objeto el reconocimiento de la legitimidad que reclama toda forma de dominación cultural.
Es preciso dejar en claro que esta eficacia social y política del lenguaje, ya sea en las relaciones pedagógicas u otras, no es intrínseca al discurso mismo. El poder simbólico en tanto capacidad de actuar sobre el mundo actuando sobre su representación, no reside en el código lingüístico. Los sistemas simbólicos requieren una situación de contexto social, un poder delegado de institución, una autoridad (la del maestro, el padre, el sacerdote).
Los sistemas simbólicos son productos sociales que, a su vez, producen el mundo social. No se limitan a reflejar el mundo y las realidades sociales sino que, antes bien, contribuyen a constituirlo. Por ello, se sostiene que es posible transformar el mundo, transformando sus formas de representación.

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